Un ditirambo absurdo e inmerecido…

jbg@baezguerrero.net

El descalabro del PRD no puede imputársele a nadie ajeno a las filas de ese partido. Su propia historia demuestra que años antes de que Leonel Fernández o Danilo Medina usaran pantalones largos, ya era una práctica usual de los perredeistas el despelote fratricida que ha llevado a esa agrupación a sucesivas divisiones y desprendimientos, entre ellos el propio PLD.

Acusar al PLD, a Leonel Fernández o Danilo Medina de ser los responsables de los recientes acontecimientos dentro del PRD es el colmo de la complacencia con un liderazgo irresponsable y poco hábil. Si fuera cierto, la implosión de liderazgo perredeista es un merecido castigo a su propia ineptitud porque ¿quién ha visto que un partido tan grande, con tanta gente, se deje enredar y teledirigir por sus mayores adversarios?

Aquellos descabezados que buscan culpar al ex presidente Fernández por los males perredeistas, atribuyéndole maquiavélicos atributos como obligar a Miguel Vargas Maldonado a firmar el famoso “pacto de las corbatas azules” que rehabilitó al ex presidente Hipólito Mejía, le hacen un flaco servicio al prestigio intelectual de Vargas y Mejía, y sus asesores, a quienes hacen lucir como tontos imberbes embaucados por un prestidigitador.

La verdad es que el PRD está como está porque los propios perredeistas son harto facciosos, desdeñan aplicar internamente la democracia, han hecho costumbre de pactar en habitaciones lo que no se logra en convenciones: ellos mismos se enredan tanto que no hacen falta maquinaciones peledeistas.

Los columnistas que ilusoriamente aprovechan el desmadre (¿o despadre, por Papá?) del PRD, increíblemente halan por los pelos la lógica y la sindéresis, al negarse a reconocer los propios errores de Vargas y Mejía y atacar a Leonel; lo elevan a la condición de demiurgo político. Cuando le comparan con Balaguer, me recuerdan cómo los anti-balagueristas viscerales le atribuían al líder reformista tantas culpas que llegaron a denunciar una conspiración “yanqui-balaguerista” para afectar sucesos ¡en Indochina!

Al margen de las preferencias políticas, los articulistas que atribuyen al PLD y Leonel y al Presidente Medina la autoría del caos perredeista, le rinden a estos un elogio mayor, y quizás más inmerecido, que todos los que profieren aquellos a quienes se pretende descalificar por preferirlos, pese a sus muchos defectos, por encima de los pobrecitos perredeistas.

Atribuirle al PLD, Danilo y Leonel, acabar con el PRD, es un ditirambo absurdo, inconcebible en cabezas frías.

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Un extraño negocio urbano

JOSÉ BÁEZ GUERRERO

josebaezguerrero@gmail.com

Se me hace difícil olvidar cuán bobo me sentí una vez que, cuando tenía unos doce o trece años de edad, a ver cómo techaban con cana un gazebo en una finca de un tío mío, comenté “¡qué crimen, cuántas palmas habrán tumbado!”, a lo que mi tío, que además era padrino mío, me respondió: “No seas burro, la palma cana regala sus hojas sin que haya que tumbarla…”.

Recordé ese momento hace unas semanas cuando ví a un camioncito cosechar los cientos o quizás miles de palmas canas que el Ayuntamiento del Distrito Nacional ha sembrado en la avenida Abraham Lincoln en Santo Domingo.

“Qué bien”, pensé, “están dándole mantenimiento a la isleta central que tan buen aspecto ha ido tomando con las canas y los jardines intercalados de uva de playa…”.

¡Qué equivocado estaba! Lejos de un mantenimiento, era como dije una vulgar cosecha de cana, materia prima escasa y de buen precio pues se usa para techar terrazas en condominios, casas campestres y hasta ciertos edificios como por ejemplo el salón de exhibición de la Nissan en esa misma avenida.

Digo “vulgar cosecha”, porque los hombres que se dieron a esa tarea acomodaron muy ordenadamente las canas que iban cortando, evidentemente para darle el uso para el cual sirven, mientras los restrojos y desperdicios los iban dejando en calles y aceras ¡hasta el sol de hoy jueves!

Cualquier munícipe de Santo Domingo quisiera saber qué ha hecho el Ayuntamiento con la valiosa cosecha de canas, cuyo valor estoy seguro debe alcanzar para pagar la recogida de los desperdicios que fueron dejados en la acera y los contenes como si las brigadas que realizaron el corte no tuvieran ninguna obligación de no dejar tanta basura regada.

Esta es la clase de negocio que uno se pregunta si aparecerá en los libros de contabilidad del Ayuntamiento, donde todo lo que parezca basura (como en los vertederos) ha sido tradicionalmente fuente de enriquecimiento de los amigos o socios de las autoridades de turno.

Ahora que en la Sala Capitular hay tantos regidores cuyo interés por la salud de la administración municipal luce que será provechosa, al menos a juzgar por sus intervenciones mediáticas, ojalá algunos se interesen en preguntarle al Síndico sobre el negociazo de las palmas canas, porque es imperdonable que se las lleven dejando detrás tanta basura.

Lo valiente no quita lo cortés…

JOSÉ BÁEZ GUERRERO

josebaezguerrero@gmail.com

 

La sociedad dominicana está tan enredada que constituye una real paradoja que uno de los ejemplos de hombría más significativos de las últimas décadas lo ofrezca un reo condenado por la quiebra de Baninter en el 2003.

No necesito reiterar todo cuanto opiné en su momento acerca de este caso y sus consecuencias, porque lo que deseo comentar hoy es una actitud que hace falta en la manera de comportarse de mucha gente que hace vida pública en nuestro país.

Seguramente ya han adivinado que me refiero a cómo Ramón Báez Figueroa ha afrontado su sentencia de cárcel en Najayo. Mientras la inmensa mayoría de los demás juzgados y condenados ha echado mano de todas las triquiñuelas habidas y por haber, desde enfermedades tan reiteradas que uno se pregunta cómo viven, hasta hacerse el loco para que le envíen a purgar su pena con arresto domiciliario, hasta las insólitas circunstancias de salir a ser confesado por un prelado católico, cenar con otro en un sitio público, ir a bodas o bautizos y hasta formar un nuevo hogar donde hay presencia en ciertos fines de semana, la prisión ha sido otra burla.

Pero a Ramón Báez Figueroa no ha cogido allá ni gripe y si le ha dado la ha pasado como los machos de verdad, sin decir ni ji… Y tampoco ha andado mendigando favores a políticos, autoridades judiciales o eclesiásticas, sino que ha ido pagando su deuda con la sociedad con un estoicismo monacal que ha asombrado a muchos que le juzgaron sólo por los aspectos más rocambolescos de su antigua vida pública como personaje de las altas finanzas.

Que nadie confunda mi comentario de hoy con un elogio o condonación de los hechos anteriores que le llevaron a estar preso, pues en los periódicos viejos hay abundantes testimonios de cómo, con dolor de mi alma, critiqué al antiguo amigo por las circunstancias que le llevaron a ser juzgado y condenado. Tampoco es preciso justificar nada alegando que mientras hay ex banqueros presos andan sueltos políticos cuyas hazañas parecen ideadas en el mismo laboratorio de espantos dinerarios.

Lo que sí digo, y sin ningún rubor, es que quienes a pesar de todo han preservado la amistad de Ramón Báez Figueroa tienen al menos una cosa de qué enorgullecerse: ningún preso ha dado tanta demostración de timbales ni estoicismo.

Desagravio a Camateta

Desagravio a Camateta
JOSÉ BÁEZ GUERRERO
josebaezguerrero@gmail.com
De los muchos disparates que la prensa caribeña publica, quizás por la lenidad acordada a intelectuales que descalifican a quienes piensen distinto llamándoles “ancilares”, esto es esclavizados por algún poder, pocos poseen la magnitud escatológica –en ambas acepciones- que la serie de artículos de Diógenes Céspedes sobre los orígenes de la oligarquía criolla, que viene publicando este mismo diario.
Según éste, debería avergonzar a buena parte de las familias más notables de este país descender de un sacerdote cuyo hijo luego hizo familia con una ex esclava.
El sacerdote en cuestión es el presbítero doctor Antonio Sánchez Valverde (1734-1791), cuyos servicios a la sociedad en que vivió fueron muy valiosos. Fue teólogo, doctor en derecho canónico y en derecho público, abogado en los Consejos Reales de Madrid, donde publicó en 1875 su libro más conocido, la obra “Idea del valor de la Isla Española y utilidades de ella pueda sacar Su Monarquía”. Por este y otros libros se le ha considerado el primer escritor de obra relevante nacido en Santo Domingo.
Un hijo suyo producto de una relación adúltera fue adoptado por un platero quien le dio su apellido, Báez, y este prosperó grandemente exportando madera desde Azua, donde llegó a poseer una de las fortunas más importantes. Tuvo varios hijos con una ex esclava, Teresa Méndez, a quien apodaban “Camateta” o más cariñosamente “Mai Teresa”. Entre esos hijos estuvieron Buenaventura Báez Méndez, varias veces presidente, y su hermano Damián (1832-1909), mi tatarabuelo.
Mai Teresa aparentemente fue excelente madre, pues la mayor parte de sus hijos se destacó en la política, la carrera militar, el derecho, el comercio y como escritores. Damián fue general de división, gobernador de Santo Domingo, delegado del gobierno en el Cibao y luego en el Sur, ministro de Fomento y Obras Públicas. Al consumarse la anexión a España, integró en Curazao junto con Francisco del Rosario Sánchez y otros patriotas la Junta Revolucionaria que posteriormente inició la Guerra de Restauración. Fue autor de varios folletos.
Tanto Buenaventura como Damián, quienes vivían en casas adyacentes en la hoy calle Padre Billini entre Meriño e Isabel la Católica, tenían en la sala principal de sus casas un retrato bastante grande de su madre Teresa, a la cual honraron en vida con devoción filial.
¡Ya quisieran para sí ciertos acomplejados un abolengo tan distinguido como el del cura y la esclava!

Salí de Giacopo, pero…

JOSÉ BÁEZ GUERRERO
josebaezguerrero@gmail.com
Hace algunos meses, a principios de año, les conté el dilema familiar que fue salir de Giacopo, el pez Óscar que mi hijo mayor me dejó tres años atrás cuando se fue a estudiar fuera de casa. Era un terrorista que devoró todos los demás peces de nuestra pecera y durante unas vacaciones mi hijo vio que había crecido demasiado y decidió canjearlo por otros especímenes.
Llenó la pecera de cíclidos, que creo es la clase de pececillo lindo que ahora alela a los niños que visitan nuestro hogar. También cambió el “limpia-fondo”, un pez prieto y feo cuya ingrata tarea es comerse todo lo que él mismo y los demás ya han comido, digerido y expelido… Sí, ¡eso mismo! Hubo paz en el reino “aguático”.
Cualquiera pensaría que nada más aburrido o rutinario que cuidar un pececito que se pasa el día nadando en una pecera. Excepto a Giacopo, a quien apodé “el exterminador’. Su nombre italiano fue escogido por mi hijo quizás sin saber que la raíz del apelativo es el Jacobo hebreo y significa “aquel que suplanta”. Claro que un pez no suplantó a mi hijo pero cuidarlo en su ausencia fue una aventura. Debimos de haber previsto lo que Giacopo era capaz, puesto que desde que llegó a casa dio muestras de un canibalismo tremendo. Se comió primero a todos los demás pececillos con excepción de su compañera y de un limpia-fondo negro cuyas espinas dorsales le daban un aspecto satánico terrible.
Pero luego ¡Giacopo se comió a su esposa y al limpia-fondo! Los devoró de una manera terrible pues necesitó varios días para engullirlos. Hubo reacciones horrorosas. Alguien sugirió tirarlo por el inodoro. Otro dejarlo morir de hambre. Congelarlo vivo ó otro de pescarlo con un anzuelo fueron opciones. Tanta saña me intimidó y Giacopo pasó cuatro días sin recibir alimento. El quinto día reaccioné en contra de casi todos los demás en casa y dije: “Somos estúpidos atribuyéndole sentimientos humanos a Giacopo, algo parecido a quienes le atribuyen defectos humanos, como la vanidad, a Dios…”.
Ahora resulta que el nuevo “limpiafondo”, rey de la pecera “post-Giacopo”, quizás porque los cíclidos comen demasiado y por aquello de según come el mulo… Si, ¡ya saben! La cuestión es que se ha vuelto un monstruo, gigante y feísimo. Caray, mala suerte que tengo con los peces.